Bélgica quiere afrontar su papel en el drama de Ruanda

Estatua del rey de Bélgica Leopoldo II
Estatua del rey de Bélgica Leopoldo II

La visita del primer ministro Guy Verhofstadt a Kigali es parte del reconocimiento de Bruselas del ambiguo papel de Occidente en el desencadenamiento de las masacres de 1994.

El primer ministro belga visitará Kigali, capital de Ruanda, el 7 de abril. Guy Verhofstadt estará acompañado por su jefe de diplomacia, Louis Michel, así como por el ministro de Defensa, André Flahaut. Juntos, rendirán homenaje a las 500.000 a 800.000 víctimas del genocidio perpetrado de abril a julio de 1994 contra tutsis y hutus moderados. También develarán una placa que conmemora el asesinato de los diez cascos azules belgas el 7 de abril de 1994.

Fue a raíz de estos asesinatos que Bruselas no solo había repatriado a sus propios soldados, sino que había encabezado una campaña diplomática para obtener la salida de la UNAMIR, la fuerza de interposición de la ONU. En la opinión general, la ausencia de tropas de la ONU permitió entonces que las masacres tomaran una escala que hubiera sido imposible de otra manera.

Contrición e interferencia

Mientras era diputado, Guy Verhofstadt participó, en 1997, en la comisión de investigación del Parlamento belga que estableció las responsabilidades occidentales en la tragedia. Según el ministro Louis Michel, la visita del primer ministro belga a Kigali ahora pretende ser «un acto de contrición colectiva» en la continuidad del trabajo de esta comisión de investigación.

Este viaje y este gesto también son coherentes con el deseo belga de intervenir en el conflicto regional que se desarrolla en la República Democrática del Congo y en el que Ruanda apoya militarmente a los rebeldes.

Con su «contrición», el primer ministro belga pedirá, solo por el momento, la retirada de todas las tropas extranjeras de la República Democrática del Congo.

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