El suicidio, una enfermedad urbana desconocida en los pueblos de África

Máscara Beti museo Quai Branly

El suicidio individual se ha considerado durante mucho tiempo el acto más antisocial y marginal de las sociedades africanas. El punto de vista del etnólogo e historiador Manuel Valentín, adscrito al Musée de l’Homme de París.

En África, el suicidio no tiene por qué ser en las aldeas. El individuo es cuidado socialmente desde su niñez hasta el paso a la edad adulta, y en particular durante el período crítico de la adolescencia. En la vida tradicional, cualquier fracaso, ya sea profesional o emocional, es identificado por la comunidad. El entorno intenta encontrar una explicación en “ese otro que quiere hacerte daño”. El “espíritu maligno”, por ejemplo, el “mago maligno”.

El marco social y familiar es muy sólido; representa una especie de contraposición al sentimiento de depresión. Por tanto, los curanderos juegan un papel muy importante: actúan como psicólogos. Restauran la confianza en las personas, exteriorizan las causas del fracaso.

Lazos protectores

Se encontró que las mujeres africanas que vivían en Francia eran propensas a comportamientos suicidas con la llegada de su primer hijo. Al recrear la ceremonia africana que acompañó a este evento, estos comportamientos desaparecieron.

La muerte voluntaria del individuo no está inscrita en la cultura africana. Por eso, cuando un africano llega a una gran ciudad, hace incesantes idas y venidas con el pueblo para no interrumpir los vínculos que lo protegen. En las ciudades, se enfrenta a los mismos problemas que los europeos: el hombre tiene que luchar solo. ”


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